¿Cómo poner en contacto al niño con la lengua escrita?
Algunos
estudios como los de Fraca (2003) y Salgado (2000) proponen abordar una
pedagogía en preescolar, donde se trabaje a partir de la noción de palabra
como unidad mínima de significado y que sirva para formar oraciones o
textos. Las actividades iniciales deben estar dirigidas al desarrollo de
la oralidad y de la escritura a partir del dibujo sobre temas tratados que
luego son complementados con escrituras relativas a éste (los niños acompañan
de escritura sus dibujos). Se debe, además, permitir el manejo de
distintos materiales escritos: cartas, adivinanzas, recetas,
historietas, envoltorios, etc. todo esto con la finalidad de usar el
lenguaje escrito relacionado con el lenguaje oral del niño, basado en su
experiencia; reconociendo palabras completas, el nombre de las letras;
ejercitando la memoria auditiva, la memoria visual, secuencias, progresión
de izquierda a derecha y de arriba abajo y asociando el sonido con el símbolo.
Posteriormente,
los niños deben interactuar con oraciones definidas como un conjunto de
palabras con sentido completo, a través de: elaboración de tiras cómicas y
adivinanzas, descubrimiento de elementos extraños o intrusos en la oración.
Por último, determinar el texto como punto de referencia para la mayoría
de las estrategias: producir cuentos, tarjetas de felicitaciones, lista de
mercado, entre otras.
Teberosky (2001), por su parte, presenta un planteamiento diferente del proceso enseñanza-aprendizaje, propone nuevas formas de organizar actividades didácticas, en las cuales se seleccionen dos funciones: lo escrito funcional y lo escrito ficcional; y dos tipos de escritos: lo escrito del mundo urbano y lo escrito documental. Estas nuevas formas de organizar las actividades didácticas requieren nuevos objetivos, para lo cual propone ampliar los conocidos objetivos de dominio de código, de control gráfico, de identificación visual de palabras o de comprensión con nuevos objetivos cada vez más precisos.
Solé
(2001) considera que la mayoría de los niños ya ha empezado, de hecho, su
contacto con la lectura antes de comenzar la educación inicial donde es
mucho lo que puede hacerse sin necesidad de acudir al código.
Entonces, acercar los niños a la lectura, en educación inicial, supone
acercarlos a algo que ellos, en su mayoría, ya conocen, que les
proporciona en general experiencias divertidas y gratificantes, y que
forma parte de su vida.
La
enseñanza inicial de la lectura -para esta autora- debe asegurar
la interacción significativa y funcional del niño con la lengua escrita.
Para algunos, eso prolongará aprendizajes ya iniciados en su familia y
para otros será la ocasión para realizarlos, ocasión que no debe
retrasarse más. Propiciar esa interacción implica la presencia pertinente
y no indiscriminada de lo escrito en el aula. Implica, sobre todo, que los
adultos que tienen a su cargo la educación de los niños usen la lengua
escrita, cuando sea posible y necesario, delante de ellos, haciéndoles
comprender así su valor comunicativo. Si en esa aproximación sienten la
necesidad de explorar el código, no habrá mayor inconveniente en responder
a su curiosidad con información pertinente y adaptada a sus necesidades.
Jolibert
(2001; 1991) aporta una propuesta didáctica integrada, globalizante, que
abarca tanto el aprender a leer como el aprender a producir textos en la
escuela.
Se
plantea como punto de partida que aprender a leer es aprender a interrogar
textos completos, desde la educación inicial; el segundo principio en el
que se basa sostiene que interrogar un texto implica construir activamente
un significado, en función de sus necesidades y sus proyectos, a partir de
diferentes claves, de distinta naturaleza y de estrategias pertinentes
para articularlas; el tercero de los principios expresa que
todo aprendizaje consiste en pasar de una complejidad percibida como
borrosa a una complejidad estructurada, poco a poco, por una larga
práctica de interacción con ella; un cuarto sostiene que no se puede
separar el aprender a leer del aprender a producir; se aprende a leer
produciendo textos y se aprende a producir textos leyendo; un quinto
principio destaca que se pueden demarcar competencias lingüísticas comunes
utilizadas tanto para aprender a leer como para aprender a producir
textos.



Comentarios
Publicar un comentario